Ayer nos encontrarnos con una etapa puramente dakariana. La más dura de esta edición, y la especial más larga. Si leéis esta crónica quiere decir que habré llegado muy tarde al campamento. Por lo tanto, dejad que os explique una curiosidad de nuestro de día a día: la comida.
En el campamento hay una haima muy grande que sirve de sala de reuniones y comedor (incluso, los pilotos de moto que llegan muy tarde se quedan allí a dormir). Por la mañana nos preparan un desayuno abundante, con muchas calorías e hidratos de carbono. Una vez desayunados, nos dan una bolsita, el picnic, con una quincena de cosas diferentes: frutos secos, barritas energéticas, bebida isotónica, fuet, golosinas, compota de manzana, ensaladas en lata ... Los motoristas tenemos problemas de espacio, por lo tanto, la vaciamos allí mismo y sólo cogemos lo qué más nos gusta. El resto del día hacemos lo que podemos. Yo me surto de barritas y pastillas que la casa Santiveri me prepara para cada etapa. Y si tanta apetito tengo, durante el enlace me pongo al lado de un camión y pido que me den alguna cosa para comer.
A las otras ediciones, cuando hacía cuatro días que hi erem todo tenía el mismo gusto. Siempre nos daban la misma pasta, la misma carne, las mismas salsas. Pero la organización ha ido mejorando y hace unos días incluso nos dieron uno entrecotte por cena.